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02 de Octubre 2020

El negocio que vació la mesa de los venezolanos

Tras una década en la que Venezuela ha liderado acuerdos energéticos con 14 países a través de la entrega de millones de barriles de petróleo, sus ciudadanos padecen cada vez más necesidades. El pago que debía ser con alimentos, en muchos casos se tradujo en un sistema fraudulento de sobreprecios y entregas falsas que benefició más las alianzas políticas regionales y la corrupción local, que el bienestar del pueblo que puso el petróleo.


Muy urgente concretar plan con Nicaragua”, escribió Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, justo al lado de su firma aprobatoria. El documento que rubricó el 23 de marzo de 2015 detallaba una oferta de importaciones por 446,3 millones de dólares en carne de res, café, azúcar, aceite de girasol, leche y frijoles negros a despacharse durante ese año desde la nación centroamericana gobernada por su aliado Daniel Ortega.


Más de 300 millones de dólares estaban concentrados en los tres primeros renglones, cotizados a precios que rebasaban referencias internacionales o estaban entre los más altos presentadas en la historia reciente de las exportaciones nicaragüenses. Ese lujo lo asumía el gobierno venezolano a pesar de que entonces el mercado petrolero mundial del que dependen sus finanzas y las del país ya había sufrido un desplome de 50 por ciento.


Mientras Maduro culpaba a la guerra económica por la falta de bienes y por la inflación que crecía como un tsunami, aprobaba la adquisición de café verde a 243 dólares el quintal y de carne res a 5.690 dólares la tonelada, montos que superaban los mejores promedios de venta de ambos rubros en 20 años, según cálculos basados en datos del Banco Central de Nicaragua (BCN). El azúcar superaba en 65 por ciento la cotización de la bolsa de Nueva York considerada referencial. “Se puede decir que en la mayor parte de los productos había sobreprecios”, dice un catedrático experto en economía agrícola y desarrollo local a quien se le pidió analizar la lista que fue rubricada por Maduro.


El plan aprobado por el gobernante venezolano se materializó en un contrato con cargo a recursos públicos que fue ejecutado por empresas controladas por los gobiernos de ambos países. El negocio representó el corolario de una serie de transacciones desde Nicaragua con destino a Venezuela por aproximadamente 2.700 millones de dólares. Una operación que comenzó desde mediados de 2008.


Todas las negociaciones se concretaron a través de un sistema de compensación de deudas mediante el cual naciones centroamericanas y caribeñas pagan con bienes parte de los suministros petroleros concedidos por el gobierno venezolano en las condiciones de los acuerdos de cooperación energética creados por el entonces presidente Hugo Chávez.


El abanico incluye a Petrocaribe, el programa estrella, y a otros suscritos en el seno de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA). La espina dorsal del entramado es la corporación estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), empresa sobre la que llovió el maná petrolero hasta julio de 2014, pero que hoy está cercada por las deudas, por los escándalos de corrupción y de lavado de dinero y por el retroceso de la capacidad de producción y refinación.


La investigación periodística del #Petrofraude revela que lo ocurrido con el presupuesto y el contrato aprobado por Maduro en marzo 2015 no fue un caso aislado. Este tipo de negociaciones es un ejemplo de un patrón de sobrevaloración de precios identificado en un conjunto de operaciones de compensación comercial que involucraron al menos a Nicaragua, Guyana, República Dominicana y El Salvador, los cuatro países más beneficiados con el sistema de compensación que Maduro propone en el presente como modelo para la creación de una zona comercial regional.


Fuente: www.connectas.org